Thomas Sankara, La Sombra de Balai Citoyen

En 2014, después de 27 años en el poder, Blaise Campaoré abandonaba el puesto presidencial como resultado de una ola de protestas que marcó toda una revolución contra el autoritarismo y el despotismo en Burkina Faso. El movimiento popular  ‘Le Balai Citoyen’, lideró a la ciudadanía para tomar las calles, organizó las reivindicaciones y sirvió de plataforma para llevar a cabo las acciones estratégicas que forzaron a Campaoré a dejar el cargo; esperando dar paso a un gobierno más democrático.

Los jóvenes burkineses de menos de 24 años representan más del 60% de la población del país, y sin embargo, son uno de los sectores más castigados. Como muchos jóvenes africanos, la mayoría se encuentra en el desempleo incluso teniendo diplomas universitarios, algo que llevaba años generando indignación entre estos ante la falta de oportunidades. No obstante, la pólvora que lo incendió todo fue la intención de Blaise Campaoré de alargar su presidencia, vigente desde 1987. En ese momento, la juventud fue la que tomó las calles y reunió al pueblo burkinabé en una lucha democrática, siendo el apogeo del movimiento la ocupación de la Asamblea Nacional, y el punto decisivo del derrocamiento del régimen de Campaoré.

Como Carlos Bajo, miembro de Wiriko y especialista en movimientos sociales africanos, dijo en su análisi de los hechos, la figura de Thomas Sankara lo impregnaba todo’ y fue la sombra de lo que fue la mayor revolución burkinesa desde la década de los 80 – en la que este último había tomado el poder -. Una figura que sirve como principal referente para una ola ciudadana dispuesta a luchar por el interés común y condenar la corrupción de las élites gubernamentales, en definitiva, un referente para el ideal socialista.

Sin embargo, el socialismo ha sido – como muchas otras corrientes – víctima de una narrativa estrecha y desapegada del continente africano. Y no, no hablamos de figuras del socialismo estalinista post-trotskista del que sí podemos encontrar figuras como Gadafi en Libia o Mugabe en Zimbabue, sinó de un socialismo marxista: dónde ni el propio estado debería estar por encima del pueblo. De este tipo de socialismo podemos encontrar ejemplos no sólamente en los textos elaborados por referentes de la corriente -principalmente occidentales- sino en el mismo continente africano, donde su paso dejó todo un legado crítico y exigente sobre su ciudadanía -lejos de la pasividad con la que las portadas de algunos medios la representan-.

El continente ha albergado a una serie de políticos -más allá de Sankara- cuyo enfoque socialista y democrático han también dejado huella. Es el caso de Patrice Lumumba en República Democrática del Congo o de Julius Nyerere en Tanzania, por ejemplo. No obstante, hoy nos centraremos en la figura de Thomas Sankara en conmemoración del 33 aniversario de su asesinato, oportunidad para analizar y descubrir quién era este personaje, cuyas ideas hoy impregnan todo un movimiento social.

Thomas Sankara, ¿quién?

Thomas Sankara comenzó su carrera como militar. De familia humilde y con pocas otras salidas en esa época, la vía del ejército era la más comprensible y compatible con su situación. No obstante, su visión de la defensa nacional cambió drásticamente después de haber estado forzado a servir con las tropas burkinesas en Mali, y ver la cruda cara de la guerra. Un cambio que fue de la misma manera favorecido a raíz de un viaje de entrenamiento a Madagascar -lugar que ya había presenciado un gobierno de orientación socialista y anti-imperialista liderado por Didier Ratsiraka-, donde pudo experimentar una visión alternativa de la defensa de la nación, más focalizada en técnicas de distribución de recursos naturales, reparación de infraestructuras, autoabastecimiento, protección del medio rural… y menos en las prácticas beligerantes a las que había estado acostumbrado.

Lector de Marx, Engels, entre otras figuras, Thomas Sankara se adentraba en el tejido político. Su carisma, liderazgo y popularidad entre las masas le llevaron a ser escogido como ministro de información interino; un cargo que utilizó para democratizar la información, que hasta ese momento había estado minuciosamente controlada y censurada desde el gobierno.

Tras el golpe de estado de mayo de 1983, que pretendía acabar con el gobierno del presidente Ouédraogo de índole progresista , y que llevó a cabo diversos encarcelamientos de miembros del antiguo gobierno como Sankara; este último se organizó con grupos de izquierdas, plataformas de estudiantes, comités ciudadanos y militares simpatizantes. El 4 de agosto de 1983 anunció el derrocamiento del gobierno golpista liderado por Somé Yorian y el comienzo del proceso revolucionario. Esta nueva era, en palabras de Sankara, pretendía: “defender el interés del pueblo y ayudarlo a alcanzar sus profundas aspiraciones de libertad, verdadera independencia y progreso social y económico.

Africa's Che Guevara': Thomas Sankara's legacy - BBC News

Fuente: AFT, BBC News

Thomas Sankara llegó a la presidencia a través de un golpe de estado, y aunque este pretendía reestablecer un gobierno anterior que acababa de ser derrocado, su llegada al poder es de los hechos que más se le reprochan a esta figura. Sin embargo, las diversas biografías documentadas sobre su persona (como la de Ernest Harsh, Bruno Jaffré o Carlo Batà) no lo retratan precisamente como un líder autocrático, y destacan su disposición por facilitar mecanismos de participación ciudadana directa. Un ejemplo serían los CDR, los Comités por la Defensa de la Revolución.

Estos eran organizaciones populares que de la mano del Consejo Nacional de la Revolución (CNR) -representado por miembros del gobierno y otros agentes de la sociedad civil-, llevaban a cabo proyectos de desarrollo local, ayudaban a cubrir las necesidades básicas de la población y actuaban como grupos de autodefensa. Sus acciones y miembros, nos cuenta Ernest Harsh, eran escogidos a través de la asamblea general – la cual se reunía regularmente -.  Gracias a la buena organización de los CDR en sus inicios, Sankara pudo poner en práctica nuevas divisiones territoriales, que reducían los territorios para asegurar una mejor gestión administrativa de sus poblaciones: una política de descentralización marcada por la soberanía local.

Uno de los retos de Sankara era la falta de desarrollo de los territorios rurales, los sistemas educativo y sanitario, y la falta de infraestructuras; sectores que habían estado descuidados por las anteriores administraciones. Es por eso que su gobierno, en 1984, comenzó proyectos de cooperación con la ciudadanía, estrategias conjuntas en las que la administración daba los recursos necesarios y la población las ejecutaba. Animó y ayudó a los CDR a que emprendieran iniciativas como la Campaña de Alfabetización del Comando Alpha o el Comando de Vacunación que en cooperación con UNICEF consiguió vacunar alrededor de 2 millones de niños, reduciendo los decesos por meningitis y varicela.

Más allá de sus proyectos en desarrollo, Sankara tenía una ideología interseccional. Por un lado, trabajó por la emancipación femenina, impulsando su escolarización y promoviendo la presencia de mujeres en puestos de poder. Por otro lado, trabajó en el ámbito de la protección medioambiental, centrándose en la conservación de los bosques como factor esencial, y en la gestión sostenible de los recursos hídricos. Finalmente, fue un firme defensor de la soberanía y crítico de las prácticas post-coloniales, aspirando a una economía que fuese “independiente, autosuficiente, planeada al servicio de la sociedad civil y democrática” y no sujeta a los intereses que pudieran tener actores como el FMI o Francia.

Sin embargo, todas esas reformas anticapitalistas y anti-imperialistas crearon gran insatisfacción tanto en las potencias occidentales como en las élites del país y las de los vecinos -temiendo que la revolución socialista llegará a sus fronteras-. Thomas Sankara fue asesinado el 15 de Octubre de 1987, disparado a muerte presuntamente por personas contratadas por Blaise Campaoré, quien tomó el control justo después y volvió a sumir a Burkina Faso en la privatización y la inversión extranjera. 

Fuera quien fuere quien lo hiciese –misterio que sigue abierto debido a la clasificación de documentos por parte de Francia-, el espíritu de Sankara nunca murió. Hoy en día, muchos  burkinabés, africanos y personas de todo el mundo -socialistas o no- siguen recordando su legado revolucionario, e inspirándose en él. El movimiento le Balai Citoyen es todo un ejemplo de ese anhelo democrático que nunca se fue. Este, como cuenta Smockey -uno de los principales portavoces- para Fundación Sur, no teme posicionarse dentro de la ideología sankarista, pero tampoco pretende seguir sus pasos al pie de la letra: “[…] hay que hacerlo mejor que él. El propio Sankara decía “malheur à celui qui fait pas mieux que son père” (“desgracia para aquel que no lo hace mejor que su padre”), así que  hay que hacerlo mejor”.

Sería desencaminado idolatrar a la revolución de Thomas Sankara. El cambio político y económico de las sociedades siempre debería hacerse desde un proceso democrático escogido por la población; y esto es algo que Balai Citoyen -quién habiéndose inspirado de esta para organizar un movimiento basado en la participación y organización ciudadana propia de los CDRs- sabe. Sin embargo, sí que deberíamos estudiarla como cualquier otra revolución, y aprender tanto de sus aciertos como de sus errores para crear un mañana mejor, igualitario, social y democrático. 

Bibliografía

Harsch, E. (2014). Thomas Sankara: An African Revolutionary. Ohio Short Histories of Africa. Ohio UNiversity Press. 

Las ideas y opiniones expresados en este artículo no son forzosamente las ideas de Puerta de África ni de sus miembros.

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