EL FUTURO URBANO ESTÁ EN ÁFRICA

Zona comercial de Kampala, Uganda. Crédito: Javier Sánchez Salcedo

El proceso de urbanización se está desarrollando con gran rapidez desde las últimas décadas en todo el mundo. Esto significa que las ciudades están acogiendo la mayor parte de la población y de la actividad económica de los países. Actualmente, más de la mitad de la población, cerca del 55%, reside en entornos urbanos. Según Naciones Unidas, se estima que esta cifra crecerá hasta un 68% para el año 2050.

El continente en el que está ocurriendo este proceso con mayor intensidad es África. Pero no serán las megaciudades, aquellas con más de 10 millones de habitantes, las que concentrarán el crecimiento demográfico urbano –entre ellas ya se encuentran Kinshasa, Lagos y El Cairo y, previsiblemente, se sumarán Johannesburgo, Luanda y Dar el Salaam–, sino que serán las ciudades con menos de un millón de habitantes.

La previsión indica que la superficie urbana del continente en el año 2030 habrá multiplicado por seis a la del 2000. Las regiones que acogerán el crecimiento son la rivera del Nilo en Egipto; la costa del occidente africano en el Golfo de Guinea; la orilla norte del Lago Victoria en Kenia y Uganda, extendiéndose hasta Ruanda y Burundi; la región del norte de Nigeria y Addis Abeba.

Previsión de la expansión urbana en el continente para 2030.

El crecimiento urbano del continente se ve favorecido por las condiciones demográficas. Los diez países con la población más joven en todo el mundo se encuentran en África, con una media de edad que oscila entre los 15 años en Níger y los 17 en Burkina Faso. Esto supone que en los próximos años se van a incorporar al mercado de trabajo más de mil millones de jóvenes, y las ciudades tienen que prepararse para ello. Las estimaciones del Banco Mundial indican que este desarrollo puede suponer un incremento del PIB en la región de entre el 11 y el 15%, con el que podrían salir de la pobreza hasta 60 millones de personas. Por otra parte, si no se proporciona el acceso a una educación de calidad y un mercado laboral cualificado, este potencial puede resultar negativo y provocar inestabilidad política y social.

El urbanismo en el continente se ha caracterizado por el predominio de los asentamientos informales con servicios deficientes. Para mitigar los riesgos de un crecimiento demográfico descontrolado son necesarias una planificación e inversión que cubran las necesidades básicas de infraestructura. Asimismo, las ciudades deberán hacer frente a una condiciones climáticas cada vez más extremas y encontrar la manera de favorecer la inversión sostenible y la creación de empleos.

Otro problema que afrontan los ciudadanos es el alto coste de vida. Según datos del Banco Mundial, en las ciudades del África del sur del Sáhara es un 29% mayor que en otras de rentas similares. El gasto en vivienda es un 55% más alto en relación a los ingresos que la media mundial y también son más caros el transporte y la alimentación. Este alto coste de vida afecta a su vez a empresas y negocios, lo que los hace menos productivos.

Es por ello que las ciudades africanas van a tener que afrontar algunos retos y diseñar una respuesta eficaz para dar respuesta a este crecimiento. La inversión pública en servicios e infraestructuras hará las ciudades más habitables, siendo necesario proporcionar a todos los habitantes servicios básicos como alcantarillado, recogida de residuos, letrinas, agua potable y electricidad. Por otra parte, también es necesaria la mejora del transporte, la mayoría de los ciudadanos se desplaza a pie o en servicios de transporte informal. Algunas ciudades como Dar es Salaam (Tanzania) ejemplifican este avance con la creación del sistema de Autobús de Tránsito Rápido o las nuevas redes de metro en Abidjan (Costa de Marfil) y Lagos (Nigeria).

Aún así, el gasto público en infraestructuras urbanas y vivienda pública es muy bajo. La inversión del PIB se ha situado en torno al 20% en las últimas décadas en comparación al 40% de China durante su periodo de rápida urbanización.

El crecimiento urbano ha llevado a que los espacios verdes escaseen en muchas ciudades africanas. El área de parques, corredores verdes y zonas recreativas o protegidas es inferior a 1m2 por habitante en ciudades como Luanda o El Cairo. Mientras que ciudades como Dakar o Addis Abeba han perdido un 34 y un 15% de espacios verdes y zonas arboladas debido al desarrollo urbano. Inicialmente la urbanización fue rellenando los espacios libres de las ciudades a excepción de humedales o riveras, pero la alta demanda de vivienda ha propiciado la aparición de asentamientos informales en estas zonas, a pesar del riesgo que conlleva. 

Una de las medidas que puede mejorar las condiciones de la informalidad urbana es la implementación de tecnologías. En este contexto, han surgido numerosas iniciativas de autosuficiencia, desde sistemas de transporte público a gestión de residuos y energía. Existen iniciativas para proporcionar internet asequible y gestionar las pérdidas de agua en Kenia, proporcionar energía solar en sustitución de generadores diésel en Lagos o recogida y reciclaje de residuos en Nairobi.

Por otra parte a lo largo del continente están surgiendo ciudades inteligentes dotadas de todos los servicios y comodidades, como Tatu City en Kenia o Eko Atlantic en Nigeria. Ofrecen una imagen de futuro pero muy exclusiva y alejada de la realidad de la mayoría de la población.

Dentro de treinta años más de 1.300 millones de africanos serán residentes urbanos, es el momento de invertir en ese potencial y planificar un futuro sostenible aprovechando la creatividad y resiliencia demostrada hasta ahora.

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