Voces de la Diáspora: Silvia Ayang y Guinea Ecuatorial

Fotografía de Silvia Ayang. Entrevistada para Voces de la Diáspora.

Voces de la Diáspora es un proyecto para recopilar las memorias de la diáspora africana en España. Desde Puerta de África queremos conocer sus vivencias y comprender de primera mano cómo es y cómo se vive en los diferentes países del continente. En este primer capítulo, Silvia Ayang nos habla de Guinea Ecuatorial.

Guinea Ecuatorial es un país que se encuentra en África central. Fue colonia española y consiguió la independencia hace exclusivamente 52 años. A día de hoy es el único país del continente que tiene como idioma oficial el castellano.

Debido a la influencia de nuestros países vecinos, en gran mayoría francófonos, tenemos como segundo idioma el francés. También se está popularizando el portugués, posiblemente porque Guinea fue “descubierta” por Portugal.

A parte de estas tres lenguas europeas, tenemos siete idiomas autóctonos. Posiblemente ascienden a diez, pero únicamente siete están reconocidos. Entre ellos el fang, el combe, el bubi, el annobones y el bisio.

La economía guineana se fundamenta en la exportación de petróleo. A pesar de que las tierras son fértiles, ni la agricultura, ni la ganadería, ni otras industrias están explotadas.

Nuestro gobierno dice ser democrático, pero ¿qué democracia puede haber en un país dónde el presidente lleva 40 años en el poder? No hay libertad de expresión y hablar de política está prácticamente prohibido, a no ser que sea para alabar al presidente.

Yo pertenezco a la etnia fang, dentro del paraguas bantú, que es además la etnia mayoritaria. No podemos hablar de costumbres guineanas porque estas varían según nuestro origen.

Una de las costumbres que se mantienen –y de la que estoy completamente en contra– es la dote. El hombre debe pagar un precio bastante elevado a la familia de la novia. El varón de la familia es el que pone el precio de la dote de la mujer.

En caso de que la mujer quiera divorciarse, debe abandonar el hogar matrimonial, a los niños y devolver la dote. Los varones de su familia se “lavan las manos” y no la apoyan. Creo que es una forma de oprimir a la mujer. Sin embargo, si la mujer tiene un hijo fuera del matrimonio, este es completamente de la madre.

Aun así, no todo es malo. El valor de la familia es lo que más me gusta. Los mayores deben ser respetados. Familia y ancianos ante todo. Otra cosa importante es que, al contrario que en otros países de África, está totalmente prohibido casarse con parientes, ni tan siquiera con un miembro de tu misma tribu. No importa si vivís en provincias diferentes. Si sois de la misma tribu, no os podéis casar.

Para terminar, otro dato curioso: los fang tenemos los apellidos de los hombres y los apellidos de las mujeres. A diferencia de otras culturas, los apellidos de la madre nunca se pierden pues no es necesario inscribir al recién nacido con el de la madre o el padre. Eso hace que sea muy común que entre hijos y hermanos no se compartan los apellidos. Por ejemplo, mi primer apellido es el de la tía abuela de mi abuelo. Murió sin dejar descendencia y, por eso, al nacer yo me asignaron su apellido. El segundo, es el de mi abuelo, y lo compartimos con todos los miembros de la familia.


Para el equipo de La Puerta de África es un placer recibir escritos vivenciales de miembros de la diáspora. Comprender un poquito la forma de vida de un país no se hace únicamente leyendo libros o haciendo investigaciones académicas. Escuchar a euroafricanas como Ayang, que además de dedicarnos este espacio hace la tarea de activismo estético y promoción de la cultura ecuatoguineana por redes sociales, es un verdadero placer. Gracias, Silvia, por tu tiempo. Podéis saber más de ella en su cuenta de Instagram @afropoderosa