El Fin del FRANCO CFA

Emmanuel Macron y Alassane Ouattara el 21 de Diciembre de 2019 en Abidjan. Fuente: El Magacín

Hace menos de una semana la estatua del colonizador y rey belga Leopoldo II amaneció pintada de rojo como símbolo de rechazo a su actividad conquistadora y saqueadora sobre la República Democrática del Congo. De la misma forma, la figura del traficante de esclavos Edward Colston, cuya presencia era alabada desde 1895, fue tumbada y arrojada sobre un río en Bristol; como una declaración de intenciones para terminar con todo símbolo colonial, de los cuales deriva la opresión sistémica que ha sido duramente criticada desde la muerte de George Floyd, el pasado 25 de mayo.

Sin embargo, este mismo año ya comenzó con la promesa de poner fin a uno de los mayores vestigios coloniales presentes hasta día de hoy y que mantenía el papel imperial que se le fue atribuido en su creación. Estamos hablando de la moneda ‘Franco CFA’.

En 1945, Francia poseía el control de gran parte de los países del norte de África y del oeste de la región subsahariana. Estos servían de colonias y, principalmente, eran centros de extracción de materias primas. La gran actividad comercial, no obstante, era caótica para la metrópolis en cuanto a monedas se refiere, donde llegaba todo el capital de sus múltiples localizaciones de exportación en formas diversas. Es por eso que, el mismo año, París decidió crear una unidad monetaria para todas sus colonias africanas: el franco CFA. Las siglas CFA pertenecen a ‘Colonias Francesas de África’, un nombre que deja bien claro sus intenciones. Pero, ¿qué supuso realmente la adopción de tal moneda para la esos países?

En primer lugar, toda actividad financiera era delegada a la tutela francesa, quien tenía el control económico de toda la región: producía los billetes y monedas, los administraba a su juicio y, además, tenía poder de veto sobre las iniciativas económicas de los bancos locales. Seguidamente, para que la moneda establecida adquiriera su paridad con el Franco y más tarde el Euro, esta tenía que someterse a las tasas de cambio exigidas por París. Tal medida obligaba a los bancos centrales de esos países a depositar el 50% de sus reservas de cambio dentro del tesoro público francés, algo que los privaba de tener recursos económicos inmediatos en momentos de inversión urgente, lo que les lleva a necesitar prestaciones, por ejemplo del Fondo Monetario Internacional, las cuales vienen con unos intereses añadidos desproporcionadamente altos. 

Tal cambio resultó claramente beneficioso para la metrópolis, la cual tenía en su mano la economía africana y, por tanto, su dependencia incondicional. Lo sorprendente es que, después de las independencias en los años 60, el franco CFA haya seguido en pie hasta finales del pasado año (2019), con las mismas características coloniales que las atribuidas en 1945. Y es que, hace apenas unos meses, el ahora llamado franco de ‘la Comunidad Financiera Africana’ (CFA) seguía vigente sobre Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Mali, Niger, Senegal y Togo, antes el África Occidental Francesa.

¿Qué ha impulsado este cambio?¿Cuál será la futura moneda? Y, es más ¿Es realmente un adiós al pasado colonial de la región?  Veamos. 

En primer lugar, destacar que tal cambio no ha sido repentino. Este sería el resultado de décadas de protestas contra la incesante presencia francesa en la economía de estos países, algo que muchos afirmaban demostraba que realmente nunca habían conseguido una verdadera independencia, y que seguían a la merced de la antigua metrópolis, la cual frenaba la  soberanía monetaria que es atribuida a cualquier país libre. Sin embargo, el hecho de que el avance de la democratización del continente africano -aunque no enteramente conseguida- y la voluntad de Francia de limpiar su imagen -calificada como neo-colonial- ha facilitado que el escenario para el fin del franco CFA se produzca finalmente. 

El presidente francés Emmanuel Macron y el marfileño Alassane Ouattara – caracterizado por su estrecha relación con París – este 2019 anunciaban el adiós definitivo a tal repudiado símbolo. No obstante, hay quien se atreve a catalogar este evento como otra trampa de las grandes potencias europeas, que lejos de proporcionar un nuevo camino para esos países africanos, servirá para perpetuar su limitación. Y es que, los dos jefes de estado dieron a conocer lo que sería la nueva moneda de estos 8 países, una supuesta promesa de emancipación que con el nombre de ‘Eco’, hacía su estreno a principios de 2020.

El ‘Eco’ no solo será la moneda de los países anteriormente citados, sino también la de los demás miembros de la CEDEAO(Comunidad Económica de los Estados de Àfrica Occidental)  -los cuales hasta ahora disponían de sus propio capital monetario. Pero, los cambios que el pueblo africano más ansiosamente esperaba era la eliminación de la medida sobre deposito del 50% de sus reservas en el Tesoro Público Francés y la desaparición del asiento del miembro del país europeo dentro de las directrices de sus Bancos centrales.

A pesar de estas modificaciones, economistas como Ndongo Samba Sylla -co-autor de ‘L’arme invisible de la Françafrique. Une histoire du Franc CFA’- afirma que se trata de un mero cambio de apelación, que esconde la misma dominación. Los detractores del ‘eco’ basan sus premisas en los siguientes hechos: 1) La paridad con el euro seguirá siendo la misma, un factor que ha demostrado derivar en sobrevaloración, limitación de crédito y beneficiar principalmente a las elites africanas y a empresas francesas que explotan la región; y 2) La presencia de personal francés en las instituciones monetarias, aunque no directamente dentro de las directrices ni con poder de veto, seguirá presente -algo que se se haría evidente después de que Macron firmará un nuevo acuerdo de cooperación monetaria con la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMOA), una garantía que se exponía como un generoso recurso dirigido a ayudar en caso de posibles momentos críticos para ese grupo de estados, pero que perpetúa unos lazos que muchos desean cortar de manera definitiva.

En medio de un período de revisión histórica, artística y simbólica que se ha alzado sobre Estados Unidos, Europa y todos esos países con antecedentes imperialistas; la nueva moneda se establece como el punto y final al neocolonialismo. Sin embargo, algunos dicen que la completa independencia monetaria y financiera aún está lejos y que se debe seguir trabajando por la soberanía de los Estados Africanos. Otro de los frentes abiertos que nos deja este 2020 y que deberá ser analizado para un avance positivo en el desarrollo del continente.

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