JUVENTUD Y PAZ

El 25 de mayo, el día de África, la Oficina de la enviada especial para la juventud, Aya Chebbi, de la Unión Africana, organizó el dialogo intergeneracional: ¿cómo la juventud puede silenciar las armas? Durante la conferencia se examinó cómo las agendas que no consideran a la juventud en sus políticas son más susceptibles de fracasar.

Cuando pensamos en políticas de juventud, solemos relacionarlo con el trabajo, la educación o la participación ciudadana; pero no solemos analizar el impacto de las armas y el terrorismo en la vida de millones de jóvenes, especialmente los africanos.

Debemos silenciar las armas, así como terminar con todos los conflictos que se desarrollan en las diferentes partes del continente; de otra forma será complicado progresar entre niveles de desarrollo o mantener las instituciones e infraestructuras que se proyectan y construyen en todo el continente. Bience Gawanas, moderadora, recordó que la violencia nace en el pensamiento de las personas y que, por tanto, incitar al odio es una arma de guerra.

El 70% de la población africana son menores de 35 años, cifras optimistas en relación a otros continentes. Sin embargo, es triste pensar que la mayoría de estos jóvenes crecen en comunidades que no funcionan. Esto implica que en diez o veinte años tendremos un continente con gente que no entienden como funciona el resto del mundo y que no son capaces de estar al día en los avances, por ejemplo los tecnológicos. Debemos crear sociedades en las que los niños jueguen con juguetes y no armas. En que haya igualdad para las personas independientemente de su étnia. ¿Qué significa esto? Alude a la importancia de saber que la paz no es la ausencia de guerra sino el estado de desarrollo. Para ello, los líderes, y los adultos en general, deben incluir a los jóvenes en la toma de decisiones sobre temas importantes como la política o el comercio.

Se expuso un criterio de 4 objetivos para el desarme: educación, emprendimiento, participación y empleo. Se necesita de sistemas educativos sensibles que desarrollen instituciones de calidad. Con ello la población estará más abierta al mundo y tendrá más oportunidades de participación en vez coger las armas. Una vez los sistemas educativos funcionen será posible que se emprendan negocios que funcionen sin miedo a la guerra y que den empleo a la juventud del continente y del mundo.

En conclusión, los jóvenes en África necesitan espacios que funcionen para estar en igualdad de condiciones y oportunidades que otros jóvenes pero para ello es necesario primero terminar con los conflictos.